Cuando un trabajador es despedido y considera que la causal invocada no se ajusta a la realidad, la ley chilena le permite reclamar ante los Juzgados de Letras del Trabajo. Sin embargo, el tiempo para hacerlo es acotado: el principal riesgo no suele ser la falta de razón, sino dejar pasar los plazos.
Como regla general, la acción para reclamar el despido injustificado, indebido o improcedente caduca en sesenta días hábiles contados desde la separación del trabajador. Ese plazo se suspende si, dentro de él, presentas un reclamo ante la Inspección del Trabajo, pero nunca puede extenderse más allá de noventa días hábiles. Por eso, mientras antes te asesores, más alternativas tendrás.
Antes de demandar conviene reunir la documentación clave: el contrato de trabajo, las liquidaciones de sueldo, la carta de despido y cualquier comunicación que dé cuenta de las funciones reales y de las circunstancias del término. Esa evidencia es la que permite contrastar la causal escrita con lo que efectivamente ocurrió.
En la mayoría de los casos el procedimiento comienza con una etapa administrativa de conciliación ante la Inspección del Trabajo, donde muchas veces se logra un acuerdo de pago. Si no hay acuerdo, el juicio laboral se tramita de forma oral y relativamente rápida en comparación con otras materias.
Si el despido se declara injustificado, el trabajador tiene derecho a las indemnizaciones legales con los recargos que correspondan, además del pago de las prestaciones adeudadas. La cifra final depende de la antigüedad, la remuneración y la causal invocada.
La recomendación práctica es simple: no firmes finiquitos apresuradamente ni dejes correr los días. Una primera orientación oportuna puede marcar la diferencia entre conservar tus derechos o perderlos por un tema de plazos.